Dicen por ahí, que un guerrero sabe distinguir lo que es pasajero de lo que es definitivo. Y este experimento que tú comenzaste se me escapo de las manos, en principio pensé ser tu maestro y enseñar con cautela, sin empaparme de todo a tu lado, dar lo mejor de mí, y si lo hubiese querido culminar sin daños lo abstracto de esa situación, pero no, arriesgue un historial de amistad con la idea, en si ninguna idea, pero mi tesis, la estrategia planeada resulto ser la inversa.
Me enamore, me enamore de alguien especial, me enamore de la mejor persona del mundo, me enamore de mí, me enamore de tu reflejo, me enamore de lo que eras, eres y de lo que serás. Me enamore de un ser incomprensible.
Durante 120 días fui feliz, celebre como lo hacen las estrellas y constelaciones cada noche, como un tipo sabatino nocturno celebra llevar ropa de diseñador mientras el resto muestra mortalidad al llevar ropa genérica de centro comercial, feliz como la pareja de el señor y la esposa que celebraban a las 9:20pm con botella de vino, su decimo cuarto aniversario en las instalaciones de un restaurante. |
Tan feliz como si alguien te dijera que desea caminar siempre junto a ti, el camino de la vida.
Te me clavaste en el corazón, corriste por mi sangre como el vidrio; figuras hermosas, cortante, frágil, mortal y en degradación.
En degradación este sentimiento que prometiste está cerrado en un cofre de vidrio, y estas siendo tratado con un químico llamado resignación, y todo lo que arraiga con solo ser amigos es el ingrediente secreto de ello.
Arístides Bastidas dijo: “los sicólogos, los siquiatras y otros exploradores del alma están conscientes que las personas con sensibilidad tienen en ella un bálsamo contra los hematomas sentimentales”
Ya no te amo, ya no te odio y como dijo el señor “todos estaremos bien...” y espero que jamás esta historia se parezca a la de la introducción de este escrito inútil y malintenso. |
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